Después de una desilusión, ¿Quién no a recurrido a la autodestrucción?. En una especie de flagelación, de búsqueda de sacar la maldad interna, mas de alguna vez recurrimos a meternos con lo primero que encontramos, lo primero que se nos cruza. Pensando que con ello estaremos haciendo el mismo daño que nos provocaron.
Pero... ¿Nos hacemos mas daño con ello? ¿Funciona?, ¿Logramos de esta forma liberarnos y sentirnos mejor?. Estas preguntas rondaban mi mente hace unas noches atrás, donde el alcohol era mi compañero, así como también personajes conocidos hacen solo unos minutos atrás, en donde no sabia a ciencia cierta cual eran sus nombres.
¿Por qué creemos que aplicándonos daño, se solucionaran las cosas?. Ya que al final solo estamos jugando con nuestros sentimientos, con nuestra mente, con nuestro cuerpo, con la compañía de turno. Y que por supuesto no tiene culpa alguna de la bajeza que estamos cometiendo.
Lo más sensato sería volver a la cama y solo dormir, sin hacernos daño. Pero el ser humano, este Homo Sapiens siempre busca el camino más difícil, la cumbre mas elevada, la ruta más rocosa para caminar. Nos gusta sufrir, nos provoca placer el sufrir y no nos basta con el que nos aplican los demás, nos lo auto inflingimos, sin importar las consecuencias que esto nos traerá.
Meternos con lo primero que se nos cruza no es el camino correcto, es el errado, es el error que cometemos, es el error que casi cometí, es uno de los tantos traspiés que aquella noche realicé, noche que no debió haber comenzado jamás.
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