Recuerdo cuando solo éramos niños, en donde con solo mirar a otro par bastaba para enlazar amistades inquebrantables, solo la complicidad de buscar el mismo objetivo nos unía. El jugar, el divertirse era el máximo ideal de ese día. Donde no existía el futuro, solo el presente, solo ese presente que no se sabía que sorpresas traería. Pero solo una cosa estaba clara, que la felicidad era un lema inalterable. La niñez nos enseña que todos somos iguales, porque en esa época no habían discriminaciones, las personas se mostraban tal cual son, sin caretas, sin doble estándar. La verdad nos daba la cara todo el tiempo, por dura que esta fuera, pero que más daba, si solo éramos niños, si no existían preocupaciones, si no habían obligaciones.
Parece que ese período es una especia de antesala de lo que vendrá, es como que nos dijesen disfruten ahora que pueden, porque después la ruta de la vida se vendrá cuesta arriba. Todo aquello que crean que es verdad en esa época cambiará para nunca mas volver a ser lo mismo, aquellos amigos inseparables se separarán, las personalidad se irán y serán remplazadas por otras diferentes, mas cruentas, mas hostiles, mas “verdaderas”. Los vínculos se quebrantaran y tendrán que pasar muchos años hasta que puedan volver a aprender a enfrentar estos nuevos cambios.
Miles y miles de personas habitan este planeta y si tuviésemos la oportunidad de interactuar con todas ellas, nos daríamos cuenta que cada ser es diferente y la interacciones que tendríamos con ellos también lo seria. Esto pasa porque como antes dije, nos especializamos cada uno de nosotros en un nuevo arte, un nuevo ser, en una nueva manera de enfrentar la existencia.
Si reducimos nuestro universo muestral a nuestros seres queridos, a la gente que nos rodea, a las personas que habitan esta ciudad, etc. Sabríamos que lo que digo es verdadero, los nuevos vínculos que formamos con las personas, porque el hombre es un ser sociable, son todos disímiles.
Más si hablamos de relaciones amorosas, que es este uno de los actos que nos hace mas difícil la escalada de la vida. En donde nos damos cuenta con el pasar de los años, que hay amores que pueden duran toda la vida, hay amores que solo son un sueño, hay amores inalcanzables, hay amores de solo un segundo, hay amores que no escogemos y solo llegan y hay otros que se fuerzan, hay amores fraternales y finalmente hay amores amados. Toda esta gran gama de relaciones se dan por ello, porque a medida que vamos creciendo las vidas se defines, las personas delimitan su estilo y enriquecen o empobrecen su alma, con el solo fin de la diferenciación. Lo que dificulta enormemente el entendernos los unos a los otros.
Como anhelo volver a la niñez, y no tener preocupaciones, no tener que escuchar mentiras por todos lados. Saber que si algo por lo mas mínimo que sea me ocurre podré correr a los brazos de mi madre y ella con un abrazo entrañable, los cuales solos las madres saben dar, me harán olvidar hasta los mas pequeños detalles. Me envolverá en la dulzura del querer, en olor de su cuerpo y me entregará la protección que a veces ansió volver a tener. Ansío jugar hasta quedar agotado, ansío correr sin preocupaciones, ansío no crecer, quiero vivir bajo el alero de la protección de alguien, quiero volver a ser un niño...
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